
EL DEBER
Febrero de 2007
Febrero de 2007
Fueron dos años al frente del Comité pro Santa Cruz, trabajando hasta 12 horas diarias, incluidos muchos fines de semana, y asumiendo un montón de compromisos, incluso una huelga de hambre.
“Lo hice con muchísima satisfacción y me siento bien por haberle dado a Santa Cruz todo ese esfuerzo”, dijo. ¿Le salieron canas verdes o sólo blancas?, le preguntamos bromeando. “Se ha blanqueado más mi cabeza y adelgacé cuatro kilos; sobre todo después de la huelga”, contestó Germán Antelo, en sus últimas horas como líder cívico.
- Su función en el Comité culmina el lunes, ¿a qué se dedicará después?
- Yo tengo tres funciones en mi área profesional que voy a continuar. Primero, la de jefe del servicio de neurocirugía del hospital Japonés; segunda, la cátedra de neurocirugía en la universidad Católica y tercera, la formación de residentes especialistas en neurocirugía en una escuela para nuevos profesionales. Además, tengo pacientes de manera privada. Por otro lado, tengo una escuela de formación de líderes políticos que puedan contribuir al desarrollo de la región y del país.
- ¿Cree que extrañará este cargo?
- Yo soy hiperactivo. La acción permanente en el Comité sin duda que la voy a extrañar, pero seguro que la cubriré con mis actividades profesionales y la de formación de líderes. Ésta fue una etapa que tuve que cumplir, vendrán otros actores que espero que mantengan una línea de trabajo de apertura y de acercamiento a todos los sectores.
- ¿Qué fue lo más difícil de su trabajo?
- Creo que fue la incomprensión o la mala intención del Gobierno central de mentirle a la gente de manera permanente que lo que planteaba Santa Cruz era dividir al país, era quedarse con los recursos naturales, que era una actitud egoísta (...). No entendí nunca eso de mentir y mentir para ir en contra de la democracia y de la autonomía.
- Cumplir con todas las ocupaciones que implica este cargo, ¿le dificultó alguna tarea personal?
- Claro, he dejado de lado a mi familia; dejé de atender a mis pacientes de la parte privada y dejé también el hospital porque me declaré en comisión sin goce de haberes para que nadie me apunte. Solamente trabajaba para colaborar con personas necesitadas en los casos de difícil solución.
- Al no ganar sueldo en el Comité y no tener otro ingreso, ¿vivió de sus ahorros todo este tiempo?
- No lo he dicho antes porque forma parte de mi intimidad, pero yo he tenido que deshacerme de algunos bienes para poder subsistir. Los más allegados a mi familia saben de los esfuerzos que hemos hecho en casa.
- ¿Y eso lo satisface?
- Por supuesto. Dicen que en la vida hay que escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo para estar realizado. Yo creo que el ser humano puede ir mucho más allá para trascender y dejar huella. Si hemos sido favorecidos por la vida y tuvimos la suerte de ser profesionales y tener posibilidades para educar a nuestros hijos, tenemos que retribuir eso ayudando a los demás, brindando servicio a la comunidad.
- ¿Se volvió más renegón o, al contrario, más paciente?
- Mi profesión me enseñó a saber escuchar. En la consulta y atención a los pacientes hospitalares hay gente de todos los niveles y con ella hay que ser tolerante. Acá, en el Comité, aprendí a hacer hipótesis diagnósticas de las cosas que suceden y a plantear soluciones probables. Obviamente, tuve el asesoramiento de muchas personas amigas.
- ¿Cree que cumplió con todo?
- Con la tarea que nos dejó el último cabildo sí, con la elección de prefectos y el referéndum autonómico. Pero quedan muchos temas pendientes.
- Se volvió famoso...
- Sí, la gente me reconoce en la calle, me saluda. Siento muchísimo cariño en las personas y eso, sin duda, es el mayor premio que uno puede recibir. Y esto no sólo sucede en Santa Cruz sino también en otros departamentos. He estado en La Paz y en Cochabamba y nunca fui insultado o agredido, siempre fui saludado con afecto y respeto.
- Pero obviamente también hay gente que no lo quiere. La otra vez balearon su casa...
- Sí, sí. He recibido amenazas mediante llamadas telefónicas y a mi celular.
- ¿Tuvo miedo?
- No. ¡Nunca he tenido gente que me acompañe, guardaespaldas! Pienso que tenemos que ser libres para vivir, no tenemos que dejarnos amedrentar por nada ni por nadie cuando uno lucha por sus principios. Si es necesario ofrendar la vida por la defensa de los valores, hay que hacerlo. Lógicamente, uno teme por su familia, pero ya esto se sabía que podía suceder y estábamos preparados psicológicamente para tolerarlas.
- Si tuviera que elegir un lugar para tomarse unas vacaciones, ¿cuál sería?
- ¡El campo! A mí me gusta la naturaleza, quisiera ir a caminar y a pescar. Cuando deje el Comité, por lo menos una semana me voy a ir al campo a descansar.
“Lo hice con muchísima satisfacción y me siento bien por haberle dado a Santa Cruz todo ese esfuerzo”, dijo. ¿Le salieron canas verdes o sólo blancas?, le preguntamos bromeando. “Se ha blanqueado más mi cabeza y adelgacé cuatro kilos; sobre todo después de la huelga”, contestó Germán Antelo, en sus últimas horas como líder cívico.
- Su función en el Comité culmina el lunes, ¿a qué se dedicará después?
- Yo tengo tres funciones en mi área profesional que voy a continuar. Primero, la de jefe del servicio de neurocirugía del hospital Japonés; segunda, la cátedra de neurocirugía en la universidad Católica y tercera, la formación de residentes especialistas en neurocirugía en una escuela para nuevos profesionales. Además, tengo pacientes de manera privada. Por otro lado, tengo una escuela de formación de líderes políticos que puedan contribuir al desarrollo de la región y del país.
- ¿Cree que extrañará este cargo?
- Yo soy hiperactivo. La acción permanente en el Comité sin duda que la voy a extrañar, pero seguro que la cubriré con mis actividades profesionales y la de formación de líderes. Ésta fue una etapa que tuve que cumplir, vendrán otros actores que espero que mantengan una línea de trabajo de apertura y de acercamiento a todos los sectores.
- ¿Qué fue lo más difícil de su trabajo?
- Creo que fue la incomprensión o la mala intención del Gobierno central de mentirle a la gente de manera permanente que lo que planteaba Santa Cruz era dividir al país, era quedarse con los recursos naturales, que era una actitud egoísta (...). No entendí nunca eso de mentir y mentir para ir en contra de la democracia y de la autonomía.
- Cumplir con todas las ocupaciones que implica este cargo, ¿le dificultó alguna tarea personal?
- Claro, he dejado de lado a mi familia; dejé de atender a mis pacientes de la parte privada y dejé también el hospital porque me declaré en comisión sin goce de haberes para que nadie me apunte. Solamente trabajaba para colaborar con personas necesitadas en los casos de difícil solución.
- Al no ganar sueldo en el Comité y no tener otro ingreso, ¿vivió de sus ahorros todo este tiempo?
- No lo he dicho antes porque forma parte de mi intimidad, pero yo he tenido que deshacerme de algunos bienes para poder subsistir. Los más allegados a mi familia saben de los esfuerzos que hemos hecho en casa.
- ¿Y eso lo satisface?
- Por supuesto. Dicen que en la vida hay que escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo para estar realizado. Yo creo que el ser humano puede ir mucho más allá para trascender y dejar huella. Si hemos sido favorecidos por la vida y tuvimos la suerte de ser profesionales y tener posibilidades para educar a nuestros hijos, tenemos que retribuir eso ayudando a los demás, brindando servicio a la comunidad.
- ¿Se volvió más renegón o, al contrario, más paciente?
- Mi profesión me enseñó a saber escuchar. En la consulta y atención a los pacientes hospitalares hay gente de todos los niveles y con ella hay que ser tolerante. Acá, en el Comité, aprendí a hacer hipótesis diagnósticas de las cosas que suceden y a plantear soluciones probables. Obviamente, tuve el asesoramiento de muchas personas amigas.
- ¿Cree que cumplió con todo?
- Con la tarea que nos dejó el último cabildo sí, con la elección de prefectos y el referéndum autonómico. Pero quedan muchos temas pendientes.
- Se volvió famoso...
- Sí, la gente me reconoce en la calle, me saluda. Siento muchísimo cariño en las personas y eso, sin duda, es el mayor premio que uno puede recibir. Y esto no sólo sucede en Santa Cruz sino también en otros departamentos. He estado en La Paz y en Cochabamba y nunca fui insultado o agredido, siempre fui saludado con afecto y respeto.
- Pero obviamente también hay gente que no lo quiere. La otra vez balearon su casa...
- Sí, sí. He recibido amenazas mediante llamadas telefónicas y a mi celular.
- ¿Tuvo miedo?
- No. ¡Nunca he tenido gente que me acompañe, guardaespaldas! Pienso que tenemos que ser libres para vivir, no tenemos que dejarnos amedrentar por nada ni por nadie cuando uno lucha por sus principios. Si es necesario ofrendar la vida por la defensa de los valores, hay que hacerlo. Lógicamente, uno teme por su familia, pero ya esto se sabía que podía suceder y estábamos preparados psicológicamente para tolerarlas.
- Si tuviera que elegir un lugar para tomarse unas vacaciones, ¿cuál sería?
- ¡El campo! A mí me gusta la naturaleza, quisiera ir a caminar y a pescar. Cuando deje el Comité, por lo menos una semana me voy a ir al campo a descansar.
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